Curro Gordillo

La desaparición del actor Sancho Gracia nos ha traído a la memoria los años en los que cautivó a toda España metido en la piel del personaje de Curro Jiménez, aquella serie televisiva, hace poco más de treinta años, que cantaba las hazañas de un bandolero andaluz del S.XIX. En realidad el personaje existió, un barquero del pueblo sevillano de Cantillana que por causa de unos pleitos de poca monta acabó siendo acechado por la justicia y echándose al monte. De la esencia romántica de la vida de este personaje interpretado por el actor español fallecido una televisión recuperaba hoy este pasaje poniéndolo en boca del bandolero: “a los que yo asalto, nunca nadie se ha parado a preguntar a costa de quién han hecho fortuna”.Existiera o no tal sentencia lo cierto es que hoy como entonces su vigencia es total y se percibe que las cosas son más de actualidad de lo que se pudiera pensar. Dudo si el alcalde deMarinaleda, José Manuel Sánchez Gordillo, y diputado de IU en la Asamblea de Andalucía, tiene la intención de echarse al monte acosado por la autoridad competente tras haber encabezado el asalto a un supermercado de la cadena Mercadona de Écija, en Sevilla, acción que otro grupo de jornaleros repitió en la localidad gaditana de Espera. Otro tanto ocurrió en la localidad gaditana de Arcos de la Frontera aunque en este caso los asaltantes negociaron el botín para repartir entre gente necesitada. Los asaltos han recibido críticas fundadas y de todo signo pero lo que no se puede esconder es la realidad. Por una parte, que Andalucía es de las zonas de España más afectadas y deprimidas por la crisis, superando un “30% el porcentaje de familias que están por debajo del umbral de la pobreza, además de arrojar una cifra de 1,25 millones de parados y 200 mil familias con todos sus miembros desempleados”, recuerda Gordillo. “En estos momentos hay gente que lo pasa mal” dice el ministro de interior, Jorge Fernández Díaz, “pero no aspiramos a la paz de los cementerios” advirtiendo de paso que no permitirán que esto sea la ley de la selva. Es que hasta para robar hay clases ¿verdad señor ministro? “Si robas todo de una vez se nota mucho y te pillan, hay que hacerlo poco a poco en el tiempo” argumentó en cierta ocasión el presidente de Zaire, Mobutu Sesse Seko, que amasó una de las fortunas personales más colosales de todos los tiempos robando a su pueblo, el antiguo Congo, que se moría y sigue muriéndose de hambre. Con el robo de unos carros de comida estos jornaleros andaluces se han pasado treinta pueblos, como dijo Francisco Roig, presidente de Mercadona, cuando se refería a que el nivel de vida de los españoles estaba por encima de nuestro nivel de productividad y en el mismo saco metía también a políticos, sindicatos, bancos y empresarios como él. Menos mal, por el momento los españoles seguimos comiendo tres veces al día aunque con  la crisis ya habrá advertido el presidente de Mercadona que ya no llevamos a la mesa con tanta alegría productos frescos y recurrimos más a los refrigerados y congelados y sustituido la pizza congelada por el filete, según revela el anuario Nielsen sobre Guía de los Mercados de Gran Consumo. De ahí que ya empiecen a aparecer los primeros síntomas de agotamiento pues no todas las familias tienen la oportunidad de llevarse algo a la boca tres veces al día.

Quizás convendría recordar como segundo argumento de esta historia cómo han logrado esos niveles productivos los grandes supermercados, el suyo el primero, Mercadona, y luego los otros, Carrefour, Alcampo, Eroski, El Corte Inglés y otros más imponiendo un modelo de producción y de consumo que ha llevado al ahogo a las pequeñas producciones agrícolas. Tan sólo los dos primeros de esta lista controlan el 40% del mercado de distribución de alimentos, un porcentaje que para los siete más grandes asciende al 75% en España (Esther Vivas, Supermercados, no gracias). Su supremacía ha impuesto condiciones leoninas a los proveedores y ha puesto en la picota el mercado minorista desamparado también por la falta de medidas legales a nivel europeo y con un cúmulo de prácticas desleales que perjudican al consumidor No estaría mal que Mercadona ayudara un poquito más a la agricultura de este país, ser más ecológico y respetar los límites de ciertas especies marinas amenazadas de desaparición. Además de aplicar otra política de personal de la que se quejan sus propios empleados de quienes el señor Roig desearía que fueran como los chinos de los bazares.

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