Europa y el arte del haiku

De una reunión económica de alto nivel a mediados de la pasada semana, en la localidad italiana de Cernobbio, ha surgido la desbordante idea de celebrar con urgencia una cumbre extraordinaria de todos los líderes europeos porque, dicen, Europa está cayendo en manos del populismo. La propuesta viene del actual primer ministro italiano, Mario Monti, un banquero tecnócrata, viejo conocido de los pasillos de Bruselas y del actual presidente del Consejo Europeo, el belga Herman Van Rompuy, sabedores del vértigo que está generando la actual situación económica en el viejo continente. El dinero, ese poder fáctico que nos atenaza hasta la asfixia, muestra su lógica inquietud y por tanto necesita saber hacia donde se mueve ese magma que conforma lo que ellos tachan de corrientes populistas. Y que mejor que utilizar como avanzadilla a determinados líderes como los mencionados anteriormente: il dottore italiano, que no ha tenido que pasar por las urnas para hacerse cargo del gobierno de su pais –en plan salvador– y un desconocido político belga, toda una autoridad en el verso kaiku basado en el asombro que produce la observación de la naturaleza, aupado a dedo hasta el puesto de Presidente del Consejo Europeo y en teoría la figura más representativa de la Unión Europea, tal y como establece el Tratado de Lisboa. Un Tratado hecho en parte con los retales de un Tratado Constitucional que nunca llegó a ver la luz por ser considerado demasiado europeista y abocada al fracaso por la oposición en referéndum de Francia y Holanda. Ambos paises consideraron el proyecto de Carta Magna europea excesivamente integradora, despertando los demonios nacionales entre la población aduciendo –véase el caso de los políticos franceses– que sus conciudadanos perderían sus empleos a manos de los inmigrantes y poniendo como ejemplo a un pobre fontanero polaco culpable de la debacle social en ése pais. La decepción constitucionalista fue un capítulo más de los que se han venido repitiendo en los últimos años en la escena europea y que viene acusando la opinión pública, quien ha presenciado el mayor declive institucional de la UE, al frente de la cual ha desfilado y continúa saliendo a escena la peor generación de políticos europeos habida en las últimas décadas. No es de extrañar, por tanto, el descontento, cuando no el rechazo de plano a los partidos políticos tradicionales, clases dominantes y los males que encarnan (populismo). Pensar en el día de hoy en celebrar una cumbre extraordinaria para ver cómo atajar las corrientes populistas, y que sean precisamente los actuales dirigentes europeos, los responsables de ese desvío los llamados a poner coto, es cuando menos irónico, cuando más un descarado corte de mangas. Cerca de una veintena de cumbres celebradas hasta la fecha para hacer frente a la crisis actual han puesto de manifiesto la degradación y desaparición del espíritu y método comunitario, la ausencia de objetivos comunes, el descrédito, el egoismo nacional y la sumusión de los políticos a los mercados y poderes financieros a los que acaban sirviendo en una etapa posterior. La Europa actual tiene entre sus representantes a un nutrido grupo de esos políticos populistas. Para hacerlos frente no estaría mal poner a trabajar a los máximos responsables europeos. Es el caso del presidente de la Comisión europea, Durao Barroso o del presidente del Parlamento Europeo, Martin Schultz, para que denuncien la falta de resultados y las rivalidades entre paises y aporten soluciones reales. Como debería ser el caso de las dos nuevas figuras creadas por el Tratado de Lisboa para representarnos al más alto nivel, es decir, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, ese desconocido jesuíta flamenco, que necesita salir de la poética del haiku a dar la cara  de una vez por todas y llamar al orden a los paises miembros; o la Alta Representante de la Unión para la Política Exterior y asuntos de seguridad, la británica Catherine Ashton. Un dúo, este último, invisible, anodino y desapercibido para la opinión pública quien no dudaría, de encontrarlos por la calle juntos, en identificarlos como el típico matrimonio que regenta una tienda de ultramarinos.

Durao Barroso, presidente del jecutivo comunitario, acaba de denunciar en el Parlamento europeo que las cumbres se han convertido en un combate de boxeo entre líderes políticos. Ahora entiendo que al inicio de cada cumbre, antes de empezar los trabajos, en el momento de posar para la foto de familia, siempre me hiciera la misma pregunta: pero ¿de qué coños se ríen?

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