OREMUS

Recuerdo de pequeño oir las campanadas de mediodía inundando las calles de mi pueblo. Era el reclamo de la plegaria para recordar a dios que allá abajo seguíamos confiando en él. Con el paso de los años, por cansancio y, más seguro, por alejamiento, dejé de prestar atención a aquél tono ronco que salía del campanario defendido por yugos y flechas. Me olvidé y dejé la obligación del Angelus en aquel pupitre donde también pereció mi primer amor imaginario acompañado de una suave brisa de otoño. Lo cambié por la plegaria a la libertad como un río que bajaba bravío y lleno de esperanza.
No todos coincidimos en ver el futuro de esa manera y para otros la oración ha seguido vigente como el esfuerzo para contactar con lo extraterrenal y continúa siendo una agorafobia, un clavo ardiendo al que agarrarse frente a las angustias extremas. En esas debe estar el gobierno de Rajoy a quien parece ser que ya no le queda más remedio que llamar a las alturas para calmar la zozobra que le causan mercados y mercaderes visto el pase de pecho recibido una vez más desde Bruselas por la canciller Merkel y sus acólitos. Así se explica la misión imposible a Roma del ministro del Interior, Jorge Fernández, para pedir al Papa que rece por España ante la situación por la que atravesamos. ¿Tan jodida ven la cosa? Se comprende perfectamente tal encargo procediendo de este gobierno que ha plagado de brillantina y mantillas la geografía oficial de esa España diferente para asegurar allí, en las alturas, el compromiso mariano. Claro, tampoco es de extrañar la rogativa visto que el PP se obstina en mantener a nuestro país como una pedanía de la Conferencia episcopal y del Vaticano, y por tanto es justo ser correspondido en la misma medida. Ese “¿qué hay de lo mío?”, el todopoderoso parece no haberlo oído todavía pese a los esfuerzos de su representante en la tierra; “ya lo hago”, le espetó el santo padre ante la insistencia del rezo de nuestro ministro del interior, apesadumbrado de vuelta a casa con los bolsillos vacíos de caridad divina. El PP sigue mirando para el cielo, esperando que el milagro caiga de su lado como un maná redentor, y sigue olvidando a sus conciudadanos en la tierra. De igual manera al PSOE, cada vez más desarmado ideológicamente, se le ha venido encima la responsabilidad de mantener su estatus político, pese a la sangría de sus apoyos y se ha olvidado de pisar la calle en la que está el clamor popular a merced de toda una banda de ladrones, alagartados, embaucadores y garduños. Al gobierno le bastaría una simple ojeada desde esa atalaya en la que se ha emparapetado, esperando como Nerón cuando el incendio de Roma para construir la Domus Aurea sobre sus cenizas,  para darse cuenta de la injusticia y las desigualdades que sus políticas están provocando en la población. Tal descalabro merecería algo más que un mantra divino acompasado con un desparrame por la geografía española de enviados de cuello blanco desde Madrid, trabajando a destajo con el único fin de desmantelar el Estado de las autonomías, señaladas injustamente como las responsables del desaguisado actual. Con las políticas actuales, nunca antes en los últimos treinta años se había ensanchado tanto la brecha entre ricos y pobres a nivel europeo pero sobre todo en los países del sur de Europa y por ende en nuestro pais. Como Cospedal en Castilla-La Mancha quieren imponer la otra España, que huela a cocido y a pis de gato –como reprochaba Juan Ramón Jiménez a la casa de Azorín–, la de los caminos de polvo y de herradura; recuperar el señorío y los latifundios.
La situación podría volverse muy violenta si al paso que vamos no hay más medicina que el amargo jarabe ultraliberal, de poner a salvo y con carácter prioritario los balances bancarios de tanto desaguisado del que no es culpable, ni primero ni último, el ciudadano de a pie. Si siguen desmantelando el estado del bienestar con carácter de urgencia podría llegar un momento en que fuera necesario algo más que oraciones que, por otra parte, además de lo ya dicho, no garantiza para nada el retorno justo. Decía Oscar Wilde que muchas veces los dioses sólo responden a nuestras plegarias cuando nos quieren castigar. Para que se lo piensen.

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Un pensamiento en “OREMUS

  1. He entrado por primera vez en tu ventana que has dejado abierta para que veamos las reflexiones que tiene un amigo despues de pasar 40 años que nos conocimos.Esto sería un comentario eterno pues empiezo a pensar que esta vida es un sueño, (pesadilla para algunos y libertad para otros) .pues mirar a los ojos de tu hijo y decirle que le quieres contestando con una sonrisa creo que ha merecido la pena vivir
    Pero esto lo dejaremos para otra charla, ahora que criticamos al poder financiero que va pegado al político, pero con la salvedad que el Psoe no es el del 78 ni la gente que habitamos este pais tan confuso que se llama España, no son lo mismo.
    El hombre ya sea por política o por humanidad siempre persigue el Placer y el Bienestar, unos reparten algo y otros te dejan fuera. Pero Javier en 8 años de `zapaterismo, no han hecho listas abiertas, no han controlado loas condiciones abusivas de los Bancos, han perdonado en los consejos de Ministros a los Albertos y al segundo de Botín, etc.etc., así, tanto desilusionan que pagan siempre los mismos y ellos se retiran adebajo del ala a los que les han hecho favores. Para mí esa es la verdad, aparte de tener una ideología ¿vale esta palabra en el siglo del ordenador, y de los ideologos sovieticos multimillonarios por la gracia de dios ?, hay que ser gestor y no seguidores como yo del madrid y otros del barca, cada vez que leo la historia europea o americana alucino de lo buenos que somos y lo salvajes que tambien podemos ser , el hombre como estrella de el universo,
    Bueno sin cansarse y aunque sea muy simplista como dice Woody Alen para ser feliz en esta vida nio tienes que ver exactamente la realidad si no cambiarla por fantasías, pero yo le contesto que un minuto de libertad en la vida ya merece la pena vivirla.
    Un abrazo

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